Wednesday, 14 April 2010

El sentido de la vida, (El Amor)

A lo largo de la vida, de la historia del ser humano, desde que sabemos que existe la historia, y en las vidas de todo ser humano, desde que nace hasta que muere, en alguna oportunidad nos preguntamos, cuál es el sentido de nuestra existencia, a qué vengo, cuál es mi misión, cuáles son mis herramientas para afrontar y enfrentar el mundo que me toca vivir, no muchos tienen la sensación de haber descubierto cuál es su motivo en la vida.

Cuando quedé embaraza de mi hijo, Matías (nombre que le otorgué ya que significa regalo de Dios) sentí que mi vida, mi existencia como ser humano cobraba un sentido distinto, muchas veces he comentado que antes de saber que una vida crecía dentro de mí, no tenía las cualidades de la persona que soy hoy en día.

Al saber que algún día me convertiría en madre, mis pensamientos, mis actos, todo en mi se volvió a esa nueva faceta en mi existencia, pude comprobar y poner en práctica valores, acciones, sentimientos, pensamientos que antes eran mera teoría, elementos, herramientas adquiridas gracias a la hermosa educación que he recibido de mis padres, y el gran reforzamiento que significó para mi la educación en las escuelas y liceos donde me formé.

“La tarea fundamental de toda formación y educación desde que nace el niño hasta que el hombre muere, a través de todas las etapas de su vida en su familia, colegio vida social o laboral, ha de tener como meta suprema la construcción del hombre como persona”.

Algo similar a esto se me ocurrió cuando entendí lo que significaba ser madre de alguien, apoyar a mi hijo, ayudarlo a encontrarse como ser humano, entregarle las herramientas necesarias para abordar aquellas preguntas que se irá haciendo a lo largo de su existencia, lo mismo que hicieron mis padres, y que han hecho, y que seguirán haciendo a lo largo de sus vidas.

Darme cuenta de esto me ayudó también a encontrar mi vocación, a entender, comprender y compartir la opción de ayudar a otros en su formación, fue así como decidí estudiar Pedagogía, para ayudarles a otros a descubrirse a sí mismos, y así puedan mirar su entorno, desde la perspectiva de ya saber quiénes son o quiénes quieren ser.

“Somos libres para realizar nuestra vocación, nuestro proyecto vital”.

Una persona mira la vida, la existencia, los momentos, las situaciones, los problemas, con una perspectiva distinta al tener idea de quién se es y qué se quiere. Existe un compromiso mayor con quien soy, la sociedad que me comprometo a formar, el mundo en el que quiero vivir, la opción que quiero tomar, la vida se vuelve un compromiso.

Para entender este compromiso uno tiene que saber que el ser humano se construye en libertad, es ahí cuando la vida adquiere un compromiso, porque el ser humano es libre de construir su propia existencia, y la libertad en sí misma conlleva un compromiso, al ser libre de elegir, uno opta, y actúa en consecuencia de lo que escoge para su vida.

“El hombre como artífice de su propio destino es necesariamente responsable de sí mismo”. Es una responsabilidad adquirida, “ser hombre es ser responsable…”.

Tanto el compromiso, la libertad, la responsabilidad como el Creer, tienen en el ser humano un carácter vital, el ser humano es creación de un Ser Superior, y deber primero que todo aceptarse como tal, dejar de lado el egoísmo, narcisismo con el que convivimos diariamente y aceptar, que fuimos creados, y por tanto llamados a servir, ¿a servir a qué? A nosotros mismos, a Dios, al prójimo, al Planeta, a no destruirnos.

En la medida que vamos descubriéndonos, van apareciendo preguntas con respecto a las cosas que van más allá de nuestro entendimiento, al ser seres humanos, al ser hombres, nuestra comprensión del mundo se ve limitado, ya que sólo conocemos lo vemos, lo que estudiamos, y largamente la ciencia se ha empeñado en hacernos creer que sólo lo comprobable es real, y lo demás puede ser cualquier cosa. Es ahí cuando aparece en el ser humano la dicotomía que acarrea uno de por vida, y que va transimitiendo a través de los tiempos. Ahí es cuando aparece la fe.

Y mediante esta fe, creencia en la religión que sea, el ser humano va dando respuestas a sus interrogantes, en la medida que las vive, por lo general uno no piensa en la muerte hasta que no vive la muerte de un ser querido, a mi me pasó hace poco, en Septiembre del año pasado, que falleció mi abuelo paterno, mi sentimiento hacia ello fue tan grande, que me sobrevino un real “pánico a la muerte”, producto de lo cuál empezé con crisis de pánico, y tuve que suspender aquel semestre de estudio, me vi sobrepasada por una situación que para mi era ininteligible, jamás habia vivido la muerte de un ser amado. El deseo de conocimiento en mí me impulsó a buscar una respuesta, sabía que al encontrar un sentido a esa pregunta mis crisis de pánico, mi miedo a la muerte se vería resuelto. Y lo encontré. Le di sentido a la muerte de mi Tata, le di sentido a la muerte de tantas otras personas, la vida es, tiene un límite, pero ese límite está aquí, en este mundo, y luego viene algo más, y de eso, ya estoy segura.

La persona, el ser humano, es un ser social, nadie puede “hacerse” humano si no es bajo la esfera social, es así como uno se va construyendo, aceptando, limitando, liberando, formando en general, y en este punto aparecen aquellos valores, o reglas de convivencia con otros. Tenemos arraigado en lo que se podría llamar conciencia colectiva, los principios de convivencia, el no matar, el no robar, el no ser infiel, el amor, la empatía, la solidaridad, y nos comprometemos o no a vivir bajo esos términos.

Desde mi propia experiencia vital, puedo decir que aquellos valores trascendentales en el ser humano han de ser, la paciencia, el hecho de que todo llega a su debido tiempo, la empatía, la compasión, el conocimiento, la no violencia, vale decir, la convivencia, la paz, el saber la diferencia entre lo que yo puedo optar y el destino del ser humano, la meditación o el contemplarme como ser humano, el ser una persona espiritual, que implica tener una conexión especial con Dios, con la vida, y que por supuesto me lleva al valor fundamental en mi vida, a aquello que ha marcado y marcará todos mis actos, que es el Amor. Si Dios es amor, entonces nosotros somos también seres de amor, de luz, y es bajo ese concepto que tenemos que actuar, es La condición para ser persona, amar al prójimo como a uno mismo, ¿cómo va una persona a amarse a sí mismas, si no se conoce?, ¿cómo puede encontrarle un sentido a su vida, sin amor?

Y yo me iré por ese camino, el de vivir en amor, por amor, y para amar. Después de todo, Dios nos ama tal como somos, regaló a su primogénito para salvarnos, ¿cómo no devolverle la mano, viviendo en amor?

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